Una vez, en una emergencia, un granjero de Tennessee puso a arar juntos a una mula y un buey. Cuando alguien le preguntó cómo le había ido, éste respondió: “Bueno, hubiera sido mejor si el campo hubiese sido redondo en lugar de cuadrado, porque durante todo el tiempo sólo estuvieron dando vueltas”.Entre los mandatos dados por Yahvé en el Antiguo Testamento, hay una prohibición de arar con dos animales de diferente especie (Dt. 22:10). Dios sabía que la fuerza desigual de dos animales haría dificultosa la unión de la yunta.
El apóstol Pablo usa el mismo ejemplo al hablar del matrimonio: “No os unáis en yugo desigual con los incrédulos; porque ¿qué compañerismo tiene la justicia con la injusticia? ¿Y qué comunión la luz con las tinieblas?” (2 Corintios 6:14). Dios quiere que los esposos tengan una misma fe y crean en su salvación por medio del Señor Jesucristo, y si usted es un creyente unido en matrimonio con un incrédulo, sabe muy bien lo que es permanecer en un callejón sin salida.
Entonces, ¿qué puedo hacer?
Tu puedes decir: “Eso está bien para la gente que sabe sobre eso antes de casarse, pero ¿qué pasa si un creyente se ha casado con pleno conocimiento con una incrédula, o se casaron no siendo ambos convertidos, y uno de ellos ha llegado ahora al Señor?
Bueno, dos cosas son ciertas: Primero, el yugo desigual de ninguna manera anula o hace a un lado el pacto matrimonial. Un convenio es un intercambio con juramento de promesas que puede ser revocado únicamente si ha sido roto o dañado de tal manera que no pueda repararse. La Biblia enseña que el yugo desigual no rompe el voto matrimonial: “Si algún hermano tiene mujer que no sea creyente, y ella consiente en vivir con él, no la abandone. Y si una mujer tiene marido que no sea creyente, y él consciente en vivir con ella, no lo abandone” (1 Co. 7:12). Segundo, al igual que un buey y una mula unidos en un mismo yugo no pueden arar en línea recta, los esfuerzos de un esposo creyente para convencer al cónyuge, nunca tendrán éxito.
Las actitudes hablan más fuerte que las palabras:
Si usted se siente frustrado por sus intentos sin éxito para que su cónyuge comparta la nueva vida que usted ha encontrado, aquí hay una palabra que le libertará, no del yugo del matrimonio, sino de sus esfuerzos inútiles para cambiar a su cónyuge. Todo lo que usted tiene que hacer es llevar a la práctica el rol bíblico dentro del matrimonio y Dios hará el resto. Su responsabilidad hacia su cónyuge debe permanecer precisamente como siempre ha sido: amarle y respetarle bajo cualquier circunstancia. La Biblia dice: “Por lo demás, cada uno de vosotros ame también a su mujer como a sí mismo; y la mujer respete a su marido” (Efesios 5:33).
Usted puede descansar en Dios porque Él ya está trabajando a su favor; Él es mucho más poderoso que cualquier cosa que usted pueda decir para convertir a su cónyuge, haciéndolo a través de la unión mística como una sola carne, como la Biblia lo enseña: “Por esto dejará el hombre a su padre y a su madre, y se unirá a su mujer, y los dos serán una sola carne. Grande es este misterio; mas yo digo esto respecto de Cristo y de la iglesia” (Efesios 5:31,32). Es por eso que Pablo hablaba del esposo o la esposa santificando a su cónyuge: “Porque el marido incrédulo es santificado en la mujer, y la mujer incrédula en el marido…” (1 Corintios 7:14).
En otras palabras, no siga tratando de cambiar a su cónyuge. Con frecuencia, esto es lo que causa tensiones en el hogar; empiece a creer en un milagro. Dios está obrando en la conversión de su cónyuge a través de sus acciones más que por sus palabras. En realidad, Dios prefiere hacer el trabajo sin las palabras suyas. “Asimismo vosotras, mujeres, estad sujetas a vuestros maridos; para que también los que no creen a la palabra, sean ganados sin palabra por la conducta de sus esposas” (1 Pedro 3:12).
Una señora había discutido con su esposo durante varios meses porque a él le desagradaba que ella invitara a sus amigas cristianas a la casa con el objeto de orar en grupo. Cierto día, ella leyó en su Biblia que en el plan de Dios, su esposo es la autoridad espiritual; entonces le dijo al esposo que el grupo de oración era importante para ella, pero que de todos modos respetaría los deseos de él no teniendo esta reunión en su casa. Para su sorpresa, a la semana siguiente, cuando se disponía a concurrir a la reunión de oración que se iba a efectuar en casa de una amiga, el esposo le dijo que quería acompañarla. Ese fue el principio de su decisión de seguir a Jesús.
Entréguele su cónyuge a Dios:
Dios ha provisto al Espíritu Santo para cambiar a su cónyuge. Ni usted ni nadie más puede hacerlo, solamente el Espíritu Santo, pues las cosas de la fe son locura para la mente humana: “Pero el hombre natural no percibe las cosas que son del Espíritu de Dios, porque para él son locura y no las puede entender, porque se han de discernir espiritualmente” (1 Corintios 2:14).
Dios mismo, a través de Su Espíritu debe intervenir para persuadir a la gente a creer, así que entréguele su cónyuge a Dios y permita que sea el Espíritu Santo quien le convenza de pecado. El papel suyo es ser testigo fiel, no sólo impartiendo la Palabra sino viviéndola. Permita que la vida de Jesús hecha realidad en su vida, sea la que ministre ese amor que llevará a ambos a esa santa y perfecta unión que Dios ha ordenado para su matrimonio.
Para las esposas, el ser un testigo fiel significa respetar el papel o rol del esposo como la cabeza de la familia sujetándose a su autoridad. “Las casada estén sujetas a sus propios maridos como al Señor, porque el marido es la cabeza de la mujer así como Cristo es la cabeza de la Iglesia, la cual es su cuerpo y El es su Salvador. Así que, como la iglesia está sujeta a Cristo, así también las casadas lo estén a sus maridos en todo” (Efesios 5:22-24).
Para los esposos esto significa el darse a sí mismo a la esposa en entrega y devoción desinteresadas recordando su unidad, como la relación de Cristo con su Iglesia: “Maridos, amad a vuestras mujeres, así como Cristo amó a su Iglesia y se entregó a sí mismo por ella…Así también los maridos deben amar a sus mujeres como a sus mismos cuerpos. El que ama a su mujer, a sí mismo se ama. Porque nadie aborrece jamás a su propia carne, sino que la sustenta y la cuida, como también Cristo a la iglesia…” (Efesios 5:25,28,29).
Un hombre que había estado asistiendo solo a una serie de servicios evangelísticos, recibió a Cristo como su Salvador personal y deseaba de todo corazón compartir esta experiencia con su esposa inconversa. Había leído en la Biblia que las esposas deben sujetarse a sus maridos, por lo tanto esto le daba derecho de ordenarle a su esposa a que le acompañara a una de las reuniones, aunque para eso ella tuviera que cancelar otra actividad planeada con autoridad. Ella obedeció pero no estaba receptiva de ninguna manera a la Palabra de Dios durante el servicio.
Luego de una acalorada discusión con su esposa, el Espíritu Santo le mostró al esposo que la fe no es algo que debe ser impuesto y que su ansiedad de compartir su fe con su cónyuge no le daba derecho de humillarla, ni de obligarla a actuar en esa forma. El entregó su esposa al Señor Jesucristo y cumplió con su responsabilidad de esposo, amándola como Cristo ama a Su iglesia. Como resultado, poco tiempo después, la esposa aceptó a cristo como su Salvador personal.
Ordenes, no discusiones:
Al igual que su deber es respetar la posición de su cónyuge, amándole y respetándole, los hijos deben igualmente honrarle. Es muy tentador el permitirse de una manera disimulada, desaprobar y criticar a su cónyuge delante de sus hijos y así desacreditarle; pero al hacerlo, menoscaba su autoridad sobre ellos. Ayude a sus hijos a comprender que ellos también deben testificar al incrédulo, a través de su respeto y amor. “Hijos, obedeced en el Señor a vuestros padres, porque esto es justo. Honra a tu padre y a tu madre…” (Ef. 6:1,2).
Deseche la autocompasión:
De gracias a Dios por cada victoria alcanzada, aunque sea pequeña. Este hábito de acción de gracias aumentará su fe, que a la larga le llevará a obtener la victoria completa, cuando su cónyuge finalmente comparta su fe en Jesucristo.
Cuando el Espíritu Santo tiene el control de su vida, hay una gran esperanza de poder llegar a la relación ideal que Dios desea para usted, su cónyuge y su familia.
betzaida dijo:
Junio 10, 2008 a 7:27 pm
creo que la mujer fue creada por Dios para una ayuda del hombre por eso debe ser tratada con respeto y ser valorada por su esposo. no merece que su esposo la defraude el señor no apruba eso Dios te Bendiga.
silvia angelica quiroz ticles dijo:
Octubre 22, 2008 a 9:34 am
es verdad hermanos mi esposo es inconverso pero el señor esta haciendo su obra poco a poco esa es su voluntad para con nosotros yo entregue mis problemas a dios y desde ese dia mi esposo ya no toma como antes pero cuando el decide tengo que estar sujeta a mi esposo . porque el señor esta entodas partes no solo en el templo sino en casa en oracion constante. bendiciones
mary dijo:
Marzo 19, 2009 a 1:14 pm
tengo un hno. en cristo que su esposa se queja de que ahora que el esta en la iglesia solo quiere estar ayunando y orando y en sus dias libres se la pasa en la iglesia de lunes a domingo. No la atiende, pelean y discuten a cada rato y van muy mal. que debe hacer este creyente , recien convertido en su primer amor.
Roseanne dijo:
Octubre 1, 2009 a 12:29 am
Wow esto fue de bendicion para mi vida , gracias hermanaos mios,,DIOS LES BENDIGA..